¿Cómo reconocer a un cliente moroso?

Hacer negocios con personas o compañías morosas supone un peligro real que afecta en España a cerca del 30% de las empresas. Como consecuencia de la morosidad, estos negocios sufren problemas de liquidez que pueden llegar a ser mortales dependiendo de la edad y el estado de la empresa. De ahí que sea tan importante aprender en la medida de lo posible a reconocer a un cliente moroso. Desde ICIRED, como empresa especializada en reclamación de impagos y lista de morosos pública, nos dan algunos consejos para conseguirlo.

Echar un vistazo a las listas de morosos

Una de las muchas utilidades de un fichero de morosos es que las empresas puedan comprobar si sus clientes se encuentran catalogados ya oficialmente como tales.

Aunque no sea lo más normal comprobar todos los clientes en estas listas, sí que debe convertirse en costumbre en pedidos o trabajos que supongan una gran suma de dinero para tu negocio.

Existen algunas opciones como ASNEF que son de carácter privado. Mientras que otras como ICIRED, son de uso público y al alcance de todo el mundo, no sólo de empresas.

Recopila información sobre el cliente

Si en el primer punto ya se ha podido comprobar que el cliente es moroso, el trato se cierra aquí y se evita un nuevo caso de morosidad. Ya que las empresas que ya han sido morosas una vez, tienen la tendencia a volver a serlo.

En cambio, si el cliente no aparece en la lista de morosos, lo recomendable es seguir investigando un poco más por nuestra cuenta. Por ejemplo, pueden analizarse sus informes económicos y financieros. Aunque lo primero será comprobar que la compañía se encuentra dada de alta en el Registro Mercantil y de la Propiedad, ya que de lo contrario se trataría de una empresa inexistente.

Otros datos que pueden resultar de interés para reconocer un cliente moroso son saber desde que año llevan en el mercado, qué resultados obtuvieron en el balance del año anterior, estado de flujos de efectivo, nivel de endeudamiento, plazo medio pago, etcétera.

Acordar unas buenas condiciones de cobro

Las condiciones de cobro deberán ser favorables para tu empresa, especialmente si es un negocio nuevo. La Ley de morosidad prevé, para las operaciones comerciales, un plazo máximo de pago de 30 días, si nada se pacta, pero las partes pueden acordar un plazo superior, que en todo caso no puede ser superior a 60 días.

No obstante, a veces puede ser recomendable que el plazo sea menor, concretamente en los casos en los que tú como empresa pagues a tus proveedores en un plazo inferior.

Para evitar estos problemas de solvencia, puede pactarse que el pago sea a fecha de factura o en el mismo plazo que tengas acordado pagar a tus proveedores.

Otra opción que también puede ser útil es la de acordar el pago de una parte por adelantado y el resto cuando se disponga del producto, o cuando se empiece con la prestación del servicio.

Ojo a los contratos

Las prisas no son buenas en los negocios, así que mejor no dejar la firma del contrato para después de cerrar el trato o firmar un contrato sin prestarle atención.

Los contratos verbales son válidos para la justicia, pero no para demostrar en caso de problema las condiciones que se pactaron con éste. Por tanto, para negocios de peso, siempre será más recomendable firmar por escrito. Además, se deberán incluir también detalles relativos a facturas, vencimiento y métodos de pago. Así como establecer unos intereses por demora que el cliente deberá afrontar si tarda más de lo acordado en pagar.

Al tener un contrato físico, cada parte tendrá aún más clara su postura y los compromisos que se han asumido con la firma. Con la firma de un contrato, en caso de impago se podrá reclamar ante un tribunal con una prueba firmada por el cliente moroso en la que se establecían las condiciones del trato.

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